Tras el incremento de los precios en 2022, los primeros datos de 2023 muestran una cierta tendencia a la estabilización en términos generales, con subidas en los períodos de mayor demanda (enero-febrero y septiembre).
Como cabría esperar, el principal motivo por el que no se da un descenso en los precios continúa siendo la falta de oferta para una demanda que sigue en aumento, complicando la tarea de alcanzar el equilibrio en este mercado.
Repunte del alquiler de habitaciones
Un fenómeno que ha adquirido notoriedad ante esta situación es el alquiler de habitaciones. Debido a la inestabilidad laboral, la subida del Euribor y el elevado coste de los arrendamientos son cada vez más las familias que se ven obligadas a arrendar alguna de las habitaciones de su piso para poder hacer frente al encarecimiento de las hipotecas.
De esta manera, una práctica que tradicionalmente quedaba reservada a los jóvenes, ahora se convierte en la única opción para algunas familias que necesitan un ingreso extra y para muchos inquilinos que no pueden acceder al alquiler de un piso completo.
Aunque esta no debiera ser la única alternativa, en momentos en los que la demanda de alquiler es muy alta, cualquier opción se convierte en válida. Sin embargo, el peligro es que también existe margen para que se encarezcan los pisos compartidos (en Madrid y Barcelona se han alcanzado los 600€ por habitación).



Perspectivas de futuro
Es difícil prever hasta cuándo durará esta situación. De lo que sí estamos seguros es de que no será sencillo abaratar los alquileres mientras exista un gran desequilibrio entre oferta y demanda.
Por eso, a corto plazo el panorama es complejo, puesto que en las grandes capitales la demanda mantendrá su ascenso mientras que las iniciativas para estimular la oferta siguen siendo escasas.

